jueves, 3 de enero de 2013

La Flapper: la Eva del Siglo XX

El término flapper comenzó a utilizarse ya en el siglo XIX para denominar a las prostitutas menores de edad. Posteriormente, durante los "Dorados Años 20", la palabra definía a un nuevo tipo de mujer que había aparecido tras la I Guerra Mundial, la Eva del siglo XX, la mujer moderna que iba a transformar su papel en la sociedad drásticamente. 

Dispuesta a deshacerse de todo cliché del pasado y despreocupada por lo que pasaría en el futuro, la flapper vivía intensamente el día a día. Flirteaba, se reía sin recatos, decía palabrotas sin enrojecerse, fumaba y ante todo quería divertirse. Comienza a deshacerse de los elementos estéticos que antaño marcaban su feminidad y su estética se vuelve andrógina. El largo de las faldas se redujo progresivamente a medida que aumentaba su seguridad. 

Durante los años de la Gran Guerra la mujer había entrado por necesidad en la vida laboral. Mientras los hombres estaban en el frente fueron ellas las que fundamentalmente trabajaron en las fábricas y gobernaron el hogar. Acabado el conflicto armado que se cobraría la vida de casi 10 millones de hombres, la mujer continuó trabajando porque quería. Había probado lo que era ser independiente y  se sentía satisfecha. Pero, en cierta manera, también continuó trabajando porque la escasez de hombres (ahora había 1 por cada 7 mujeres) forzó el cambio de paradigma en el que ya no podía esperar casarse y depender de su marido.   

Ahora la mujer gana su propio dinero y lo invierte en si misma. Se convierte en la gran consumidora de placer. Utiliza ropa que hace su figura más tubular y sin forma alguna llegando a vendarse el pecho para aplanarlo. Los vestidos dejaron de marcar la cintura bajando el talle hasta las caderas. Se corta el pelo a lo garçon como poderoso símbolo de esa independencia. Hace ejercicio y se cuida para estar bella, saludable y delgada. Se siente a gusto con su cuerpo y no se avergüenza al exhibirlo.   

Marlene Dietrich

El revulsivo que supuso esta ruptura con las rígidas estructuras pasadas hizo que los sectores más tradicionalistas de la sociedad pronto se lanzaran a criticar lo que consideraban harto inmoral. En los periódicos conservadores aparecían artículos que responsabilizaban de enfermedades tales como el cáncer y el deterioro cerebral al escandaloso modo de vida de la flapper. En las iglesias no se dejaba entrar a mujeres que enseñaran las rodillas. En las playas se disponían censores que vigilaran que las mujeres no enseñaban un centímetro más allá de lo permitido. Había médicos que aseguraban que el pelo corto les provocaría neuralgias en invierno e insolaciones en verano. 

Mientras que antes de la guerra solo se maquillaban las prostitutas, ahora el maquillaje había pasado a ser una extendida arma de seducción y a utilizarse en casi todas las capas de la sociedad. Gracias a esto la industria cosmética prosperó en aquellos años. Incluso la cirugía estética, que hasta entonces se había centrado en mejorar la técnica para las reconstrucciones de los numerosos lisiados de guerra que habían quedado tras la guerra, empezaba ahora a desarrollarse en el ámbito de la belleza corporal y facial. Empezaban a resonar lemas como: "Podrás tener un rubor permanente". También empezaban a ponerse de moda los centros de belleza en los que se ponían a disposición de las clientas masajes eléctricos. Para el año 1922 el afán por adelgazar se había convertido en un negocio. 

Clara Bow
De todas las industrias, la cinematográfica fue la mejor parada. Hollywood y la UFA, entre otras, creaban estrellas para ser adoradas. Rodolfo Valentino y Clara Bow marcaban las tendencias en moda. Y el nuevo negocio de la manufactura de ropa también entra en escena con gran fuerza para contentar a un público ávido de novedades en el vestir. En las cada vez más numerosas revistas de moda se mostraban ilustraciones con sombreritos cloché, pajaritas y smoking ahora también para las mujeres, vestidos de seda, muselinas, cortes vaporosos... y la flapper no escatimaba en gastos para estar perfecta. 

No obstante, la belleza pasó pronto a ser un objeto de comercialización siendo su máxima expresión el nacimiento de los concursos de misses. Aunque lo que es indiscutible es que la flapper marcó un antes y un después en el papel de la mujer en la sociedad. 




viernes, 21 de diciembre de 2012

Berlin, años 20: Así llegó el Jazz (Parte II)

Una vez llegado el Jazz a la metrópolis ya nada volvería a ser lo mismo. Este sincopado estilo musical sedujo al instante tanto a versados como a profanos en la materia. Los músicos alemanes sintieron gran curiosidad por las nuevas armonías y el arte de la improvisación. El gran público, ávido de diversión, recibió con los brazos abiertos los alegres ritmos y las pegadizas melodías. Todo el mundo quedó fascinado por el Jazz. 

Fuente: Wikipedia
En junio de 1926 aterriza en Berlín el Jazz sinfónico de EEUU encabezado por el director de orquesta Paul Whiteman. Actuó junto con su orquesta en el "Großes Schauspielhaus" y fue la sensación de la temporada. Se le definió como el profeta de una nueva música y la crítica dijo de él que "consiguió cultivar y domesticar el Jazz salvaje". El estilo de Whiteman fue muy popular y un éxito comercial. El auténtico Jazz no era tan apreciado y, sin embargo, el sonido orquestal de Whiteman caló hondo en la sociedad berlinesa e inspiró a muchas otras orquestas que quisieron emular su estilo como, por ejemplo, las de Dajos Béla, Marek Weber, Mischa Spoli­ansky, Julian Fuhs y Ben Berlin que empezaron a copar así las salas de baile.




Concretamente Julian Fuhs conocía ya a Whiteman desde 1924, año en que viajó a América. Desde entonces ya introdujo nuevos sonidos en su orquesta "Hot Fuhs". A partir de 1926 no obstante, tras la tournée europea de Whiteman, absorvió también las influencias del sonido sinfónico que tanto había llamado la atención de la audiencia. En septiembre de 1927, Fuhs realizó la primera grabación en Alemania del tema "Rhapsody in Blue" que tan famoso había hecho anteriormente Whiteman.

Esto no fue del agrado de toda la crítica que dijo de una de sus actuaciones "Fuhs ha reclutado músicos que nada tienen que ver con el Jazz".

La crítica canadiense, por otro lado, fue bastante más amable. Dijo de él que Fuhs era a Alemania lo que Whiteman a EEUU.




Aquí les dejamos con una de las famosas grabaciones de la orquesta de Paul Whiteman: "Charlestón" y con "Kannst Du Charleston, Tanzt Charleston" (¿Puedes bailar Charléston?, baila Charlestón) de la Orquesta de Julian Fuhs. Juzguen ustedes mismos.
¡Que las disfruten! 




Para leer la primera parte del artículo pinche AQUÍ. 

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